El inmenso Imperio Romano reinó en el mundo durante cuatro
siglos, y su creador fue un hombre de una talla excepcional, ambicioso y fascinante:
Julio César, al que Max Gallo restituye
toda su extraordinaria humanidad. Sabemos que venció a Vercingetórix
y sedujo a Cleopatra, y que fue un escritor brillante y excelente
orador, pero es imposible imaginar la energía, el valor y la habilidad
política y militar que necesitó para lograr conquistar por sí
solo todo el mundo mediterráneo, desde España hasta
Asia, de Egipto hasta las costas africanas,
al tiempo que libraba una guerra civil contra Pompeyo, para terminar
proclamándose vencedor y único gobernante de Roma.
César fue un hombre solo, aunque estuvo casado varias
veces; incluso cuando se hallaba en los brazos de sus jóvenes y bellos
secretarios, y también cuando el pueblo romano lo aclamaba. Así,
sentado en un trono de oro, dictador y cónsul a perpetuidad, sumo pontífice
e imperator, cegado por su propia gloria, no supo ver los puñales que lo
acechaban en la sombra.
Gracias al esmerado trabajo de Max Gallo descubrimos cómo
se gestan poco a poco los grandes hombres y también cómo se equivocan.
El mundo de César era sin duda cruel, pero a él
le debemos las bases de la civilización occidental, es decir, de nuestra
historia.
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