Un miércoles por la noche no es el mejor día para realizar un concierto en una ciudad de provincias, menos si lo que el cartel nos depara es un duelo de dos cantantes norteamericanas conocidas solamente por el público interesado en la música independiente.
A pesar de todo, al menos un centenar de almas se dieron cita en el Savoy Club para escuchar las nuevas canciones de Tara Jane O?Neil, las de In Circles, un álbum que grabó en una casita de madera, ¡qué bucólico!, muy cerca de su pueblo de Portland (Oregón).
Pero antes, había una invitada de excepción la joven Jana Hunter, una texana de Forth Worth que desde Houston ha comenzado una prometedora carrera dentro del folk underground. Afín a Devendra Banhart, el gurú indie con quien colaboró en Farm, CA, incluido en el recopilatorio Golden Apples Of The Sun, durante poco más de media hora repasó, guitarra acústica en ristre, algunos de los temas de su debut Black Unstairing Heirs Of Doom.
Durante la actuación de Jana Hunter, Tara Jane O?Neil se mantuvo en un lado del escenario, bebiendo cerveza y fumando sin parar; después se sentó en el suelo y, ensimismada, sólo levantó la cabeza para aullar dando a entender su apoyo hacia las canciones. A su lado estaba Frank Rüdow, multiinstrumentista de Manta Ray, que más tarde le acompañaría desde el público con una pandereta.
Y a mi lado, Nacho Vegas (había también en la sala otros músicos locales de Nosoträsh, Pauline en la Playa, Hotel Vaqueros y Las Uvas de la Ira) permaneció concentrado, cerrando los ojos, durante toda esta corta actuación. Después, Tara Jane O?Neil cogió su guitarra eléctrica y se dispuso a ofrecer un recital que definiríamos sorprendente.
Se mostró menos acústica y country que lo que pudieran dar a entender sus grabaciones. Valiéndose de loops de batería y samples de su guitarra creó una atmósfera particularmente bella y apacible que al final tornó durante más de quince minutos en tormenta sonora ayudada por diferentes instrumentos de percusión que repartió entre los presentes. Lo malo fue que su bella voz quedó prácticamente oculta durante toda la velada por la guitarra y las letras totalmente difuminadas.
Detrás de mí, Nacho Vegas, cigarro en mano, siguió también con los ojos cerrados cada una de estos retazos de folk lo-fi que Tara Jane O?Neil regaló; y por sus aplausos parece que disfrutó de lo lindo.
Sitio oficial | Tara Jane O’Neil
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