Este pasado fin de semana ha ocurrido una cosa que debe hacernos reflexionar. Sitúense en Belgrado, donde Partizan y Estrella Roja mantienen una rivalidad encarnizada, un duelo a cuchillo que incluso alcanzó en su dÃa connotaciones polÃticas. Dos hinchas del Partizan llevaban en mano una camiseta del Estrella Roja. Uno de ellos entró en un restaurante para pedir un mechero con el fin de quemar la casaca del Ãntimo enemigo. Por absurdo que parezca, lo que cuento no es ficción. En el local, entre otros, habÃa un cliente del Estrella. Se inició una discusión verbal y de ahà a los golpes, con uno de los del Partizan cayendo al suelo y rompiéndose el cráneo. Balance final: un muerto.
El otro dÃa Javi Clemente en el Tirachinas, entrenador de Serbia, hablaba del carácter agresivo de los ciudadanos serbios, debido a las guerras que tuvieron que soportar durante la década de los noventa. Sucesos como el de este fin de semana le dan la razón al entrenador vasco aunque escenas similares son muy propias de otros paÃses como Grecia o TurquÃa. ¿Cuántas veces hemos visto imágenes de batallas campales entre aficiones en un campo de baloncesto o en un estadio de fútbol por aquellas latitudes?
Llegados a este punto debemos hacernos la obligada pregunta. ¿Cómo parar esta situación? La respuesta es difÃcil, aunque la podrÃamos encontrar en otra cuestión: ¿Merece tanto la pena el fútbol? En mi opinión, no.
Es evidente que muertes como la de Belgrado van a seguir ocurriendo. El fútbol genera violencia. Eso es incontestable. Lo que ocurre es que en determinados paÃses, la mayorÃa ciertamente, se ha conseguido aplacar esta negativa tendencia. Y, cuando en algún momento la cosa ha ido a mayores, se ha actuado con contundencia, como ocurrió hace unos meses en el Calcio.
El problema, bajo mi punto de vista, es que en Serbia, por ejemplo, no se corta el problema de raÃz. Si en ese paÃs los aficionados, aunque sean una minorÃa, no saben comportarse, no consiguen llevar la rivalidad con diplomacia sin atenuar, claro está, los sentimientos de rechazo al otro, entonces es que algo falla y hay que tomar soluciones. Quizás una buena lección serÃa dar por finalizado ahora mismo el campeonato, sin ganador.
Entraremos ahora en si no se puede afectar a la globalidad de los aficionados por unos pocos. Es cierto, puede que sea injusto… O no. En paÃses como Grecia o Serbia no son unos pocos los violentos. Para nada. No es como en España, Francia, Italia e incluso Inglaterra. Sucesos como el del otro dÃa dejan claro que si tu vas con la camiseta de tu equipo por Belgrado puedes tener serios problemas, sin tener que ir por la zona de influencia del defenestrado vecino ni estar en un estadio.
He estado en el Apostolos Nikolaidis, campo del Panathinaikos. He comprobado de primera mano la agresividad del público local. No de los ultras. No. De los aficionados de zonas distintas del estadio a las que pertenecen a los más radicales. Hay un clima de encendimiento bestial que al aficionado visitante intimida y mucho. Si fallara la valla, piensas. No he tenido la suerte, sin embargo, de ver fútbol en Belgrado. En cualquier caso, por lo que tengo entendido allà la gente es incluso más caliente. Dicho esto, considero que hay que parar ya. Hay que ser valiente y dejarse de medias tintas, extirpar la raÃz del tirón.
A finales del pasado mes de marzo, un partido de voleibol femenino entre Panathinaikos y Olympiacos desencadenó una batalla campal de aficionados de ambos equipos, que acabó con un muerto y numerosÃsimos heridos. El fútbol suspendió su actividad durante dos semanas. Sólo dos semanas. Evidentemente, tanto en Atenas como en Belgrado la historia volverá a repetirse hasta que de una vez por todas se diga basta. Si los ciudadanos de aquellos paÃses no saben vivir y disfrutar el deporte, puede que lo mejor sea arrebatárselo para que asà se den cuenta de lo que pierden y dárselo cuando se perciba un cambio. La UEFA, desde luego, que sólo sanciona con cierres de campo y si impide la participación en competiciones internacionales no se atreve con los grandes, sólo con conjuntos de talla medio, tipo Paok, podrÃa y deberÃa decir mucho más.
Notas de Fútbol