Aquà en España se lanza alguna que otra bengala y a veces se habla de violencia en los estadios. Algo hay, pero nada comparable, absolutamente nada, con lo que ocurre a diario en las canchas argentinas. En cada jornada hay un incidente y en ese paÃs las autoridades empiezan a estar totalmente desbordadas pues no saben como encarar un problema que dÃa a dÃa va a más, porque son los propios clubes, en la mayorÃa de los casos, los que se niegan a erradicar el asunto. La última muestra de que la cosa se está poniendo fea la tuvimos el pasado domingo en la previa del encuentro que River disputó ante Lanús.
El gran caos que existe en el fútbol argento se debe a que los clubes apoyan a las barras. Funciona como una especia de mafia. Yo te apoyo en la grada, no te increpo, no te amenazo… Y tu me das entradas para revender, colocas a miembros de mi grupo en el club, nos das dinero para los viajes… Ése es en lÃneas resumidas el ‘modus operandis’ de estas peñas tan especiales. El caso extremo es el de River Plate. Los Borrachos del Tablón, asà se llama su barra brava violenta, ha llegado a meterse en el club hasta el fondo, es una realidad más, una especie de departamento.
Esto no es hablar por hablar, porque está demostrado que los principales miembros de los Los Borrachos del Tablón trabajan en el club, asà como que más de treinta integrantes se fueron al Mundial de Alemania a gastos pagados. La realidad en este sentido es incontestable. Y River no hace nada de nada. Allá donde van ‘Los Borrachos’ montan la gorda. La de Morumbi contra el Sao Paulo hace un año fue monumental. Los directivos del club bonarense critican sólo para aparentar, pero la pura realidad es que continúan haciéndole el juego a los violentos.
Lo que ocurrió el domingo clama al cielo. En lÃneas resumidas, podemos decir que actualmente hay una tremenda lucha interna en la barra millonaria. Todo comenzó después del Mundial. Por aquella época Adrián Rousseau y Alan Schlenker, dos hinchas que rondan la treintena de años manejaban bien el cotarro. En cambio, todo comenzó a truncarse cuando la ley comenzó a caer sobre Alan, quien por evitar males mayores prefirió mantenerse por un tiempo en un segundo plano. Craso error, porque Adrián le hizo la silla y no tardó en ascender a uno de sus más Ãntimos colaborados, un tal Gonzalo, trabajador de River, fÃjense la casualidad. Asimismo, ofreciendo dinero y puestos en el club millonario Adrián consiguió ir convirtiendo en amigos y enemigos. El problema es que Alan ha vuelto a escena y reclama lo que considera que es suyo. Aún tiene gente que lo apoya y el dinero en juego, más de 10.000 euros mensuales, es mucho como para quitarse de en medio sin plantar batalla.
Asà las cosas, los seguidores de Alan y los de Adrián se cruzaron en la zona del estadio donde los miembros de ‘Los Borrachos’ se suelen reunir a comer asados antes de entrar al campo. Faltaban diez minutos para las diez de la tarde y el cruce de palabras entre Alan, el desplazado, y Gonzalo, el que parece que le ha quitado el puesto, fueron a más, hasta el punto de que las navajas comenzaron a correr, asà como los tiros al aire y al suelo, que acabaron con un herido en una pierna. Además otros tantos quedaron mal parados. Llegaron cuatro policÃas para poner orden y tuvieron que salir corriendo. Los heridos fueron atendidos por los servicios médicos de River y casualmente no se le tomaron los datos. ¿Le sorprende a alguien? Dijo Alejandro Melik, abogado de los millonarios, que se presentara un informe médico sobre todo lo que pasó el domingo y si los implicados son socios o empleados serán expulsados. Sinceramente, cuesta creerle.
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