marina

Registrado: 14 Jun 2006 Mensajes: 10213
Ubicación: Misiones, Argentina
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Publicado: Jue Feb 01, 2007 11:40 pm Asunto: Mala leche |
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Mi último descubrimiento sobre mis propios hábitos cotidianos ha sido el descubrir la vida sin cafeína ni teína. Aceptarla sin esos estimulantes está siendo para mí toda una sorpresa, sobre todo cuando uno comprueba como desaparece la ansiedad. Las colas del DÍA, los trayectos del metro, el relojito del Windows, todas esas esperas de las que un día aquí se divagó, se hacen menos intensas, nos oprimen menos el pecho, dejan de ser un final countdown hacia inexistentes patíbulos.
Es admirable como una pequeña sustancia puede modificar tanto el curso de los días, cambiar la consideración que uno tenía incluso de su mismo, la mente y el mundo. Porque ahora resulta que ciertos pensamientos no se arrebujan entre sí como en un txupinazo paralímpico, y que uno puede atender una conversación sin estar sometido a un constante y molesto zapping mental, convirtiendo el ocio en una paliza para el body. Porque el café, y el té, pueden llegar a dar sueño. Espolean tanto a las neuronas, que éstas acaban por darlo todo, y parecen esas secretarias eficientes, que a la vez son madres, deportistas y presidentas de su beligerante asociación de vecinos. Al final, después de tanto frenesí, el coco acaba pidiendo su dosis de sueño, y pueden ser las siete de la tarde.
Por todo ello, casi me he quitado del té, del té con leche, como un día me deshice del café. Por eso, tampoco me afecta tanto ese reciente estudio que ha demostrado que la leche anula los beneficiosos efectos del té. (El té negro mejora significativamente la capacidad de las arterias para relajarse y dilatarse, dice el artíc***.) Yo no sabía nada de esto, que el té fuera beneficioso para nada, más que como un excitante de segunda categoría (porque también están los que dicen que el té es más estimulante que el café, cosa que me niego a aceptar). Y, bueno, ya que tomas una cosa, siempre es preferible que cuide tu organismo, y tal (véase el éxito de los actimeles, activias, etc. Ya nadie come por comer). Me pregunto qué harán ahora los millones de teinómanos de la Gran Bretaña, si seguirán tomando el té con el hilillo de leche, o progresivamente la irán suprimiendo, como un enemigo anticardiovasculante contra el que luchar.
Recuerdo un mes que pasé en la calle Saint Lukes, Road, 46, de Bournemouth, Inglaterra, en una familia, cuyos nombres eran John (no estoy seguro), Angie, James, Samantha y Steven. El padre, mientras veíamos un partido de Wimbledon antes de cenar a las soleadas seis de julio, me ofrecía un té calentísimo que yo aceptaba. Descubrí entonces que el té y la leche eran compatibles, como el whisky con cocacola o el melón con jamón. Recuerdo también que tenían uno de esos productos farsa del telemárketing, el magnetizador, o imantador de las aguas, que los consumidores cándidos colocaban en el grifo, para luego beber felices y sanos. ¿Cómo beberá el té esta familia a partir de ahora. ¿Con leche o con mala leche?
El n?rago digital
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