marina

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Ubicación: Misiones, Argentina
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Publicado: Mar Ene 30, 2007 11:40 pm Asunto: El crimen de la calle Pardillo |
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En mi breve carrera como periodista he ejercido a menudo eso que el profesor Pedro Sorela llama el síndrome de la alcachofa o de los periodistas sentados. Ese cortaypega del teletipo al programa de turno y que se acepta comúnmente como periodismo. Le comentaba esta mañana a Caperuza Gómez que para mí que eso es más común en la radio. Recuerdo haber pasado por los micrófonos de una emisora de Vocento, y haber comprobado como gran parte de lo que luego escuchamos no es más que un revuelco, es decir, recontar lo que te ha expulsado el teletipo, pero en cortito, y con un corte de voz chulimangado de la CNN. Luego había otros que ?buscaban? la noticia, es decir, iban donde los políticos, grababan sus jaculatorias y después las contaban con entusiasmo. Vale. Pero no nos enrollemos con metaperiodismos.
El caso es que ayer me tocó vivir de cerca un tipo de periodismo más real, de esos que te generan también dudas sobre el oficio de vender periódicos y sus límites, pero bueno. Que cambien el mundo otros, al menos de momento. Llamó un taxista de Miguelturra a la redacción, por la mañana, domingo: ?Le han cortado el cuello a una mujer, y el marido se ha ido con su hija pequeña?. Reaccioné poco, vamos, no me dio el vuelco el corazón ni esas cosas, no así el fotógrafo, cuya adrenalina nos hizo salir disparados hacia el pueblo el cuestión: Miguelturra, Ciudad Real.
No diré que fuera un pueblo de esos siniestrorros, España profunda, y tal. A mí La Mancha no me parece la España profunda, sino una España tan solo agachada, que no se la ve mucho, como a ese invitado que apenas habla en la mesa de la boda, pero que cae bien a todos. Eso sí, el pueblo tiene esas casas bajas, con calles estrechas y renqueantes que yo diría que son una proto-Andalucía, una Andalucía a medio hacer, una Andalucía indefinida.
Allí llegamos y el vecindario decía con sus caras que allí había pasado algo gordo. Salían a medias de sus portales, y barruntaban las primeras hipótesis, con esa excitación discreta de cuando pasan desgracias a los demás. Pude ver a varias de esas viejas con uno o dos pelos en la barbilla, pronunciada, casi afilada, y los ojillos hundidos. ?No la conocíamos?, ?Eran de fuera?, ?Se había instalado hace poco, estaba reformando la casa?. Poco a poco fueron reconstruyendo el crimen a su manera, conforme iban apareciendo personajes, testigos, de ese drama de domingo. ?Allí viene Santiago, ese seguro que sabe.? Y algo sabía: ?Es hija de la Telendas?, certificó. A mí eso me sonó a dialecto chino, y me explicaban que eran los motes, y yo "ah, ah". Hasta la propia casa tenía mote, Casa Cencerra, número 13, donde por cierto, decían también los vecinos, se había suicidado alguien hace años. Pueblos silenciosos en que no pasa nada, hasta que pasa. Se ve que le clavó el cuchillo en el pecho, y la dejó allí abandonada, en la cocina.
Los hermanos de la víctima nos miraban con comprensible gesto hosco. Preferí entonces el periodismo de alcachofa, y añoré el canutazo simplón de darle al rec y callar. Aquello era todo un ir y venir de policías de esos de paisano con tanta pinta de polis, que acordonaron la zona. Mientras, los vecinos lanzaban al aire tecnicismos: ?¿Ha llegado ya el juez? No, tampoco el forense?. ?¿Y el ex marido??. Los bulos corrían pronto, y unos dijeron que lo habían detenido, y todos lo aceptaron. Lo de la fuga con la hija ya no lo comentaba nadie. Lo que no sabían es que se había colgado de un árbol, en un descampado manchego, cerca un macizo llamado ?Cabeza de palo?.
A lo largo de este año, un día como éste se repetirá más de cincuenta veces. No parece haber un antídoto claro, ni siquiera dejar de hablar de ello, como decía un tipo: ?De tanto sacarlo en la tele, se incita a la gente, y luego pasa lo que pasa?. Aunque quien sabe.
Fuente: http://blogs.periodistadigital.com/elnaufrago.php/2007/01/23/el_crimen_de_la_calle_pardillo
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