El Atlético de Madrid tiene un serio problema: uno de cada dos partidos los debe jugar en el Vicente Calderón, ante su afición. Y eso, este año, es un auténtico calvario para los pupilos de Javier Aguirre. El último beneficiario ha sido el Espanyol de Ernesto Valverde, que ha encadenado dos victorias consecutivas contra rivales de altura: los colchoneros y el Sevilla.
Los miedos periquitos del comienzo liguero y las desavenencias entre el entrenador vasco y Luis García han quedado aparcadas en el baúl de los recuerdos. El equipo ha alcanzado confianza en sus posibilidades y la terna atacante (Raúl Tamudo, Luis García e Iván de la Peña) ya carburan a pleno rendimiento. Lejos queda ya la eliminación en Copa del Rey contra el Rayo Vallecano.
El mister mexicano del Atlético de Madrid ya avisaba a comienzos de semana: el equipo dejó adelantarse en el marcador a su rival en seis partidos disputados en casa. En tres ocasiones, los colchoneros consiguieron la victoria. Pero si te arrimas a la lumbre, alguna vez te quemas.
El primer objetivo de los pupilos de Aguirre era la motivación y la concentración iniciales para evitar despistes. No pudo ser. El Espanyol se adelantó en el marcador con un error de Luis Perea (¿qué le sucede al jugador colombiano?) y la historia volvía a repetirse en el Calderón.
El problema es mental: los jugadores salen al campo con exceso de responsabilidad y compromiso; se achican entre bufandas y cánticos de su gente, con la necesidad imperiosa de corresponder al aficionado. La presión atenaza las piernas y los jugadores no rinden al nivel exigido.
Los futbolistas atléticos se sienten más cómodos lejos de la responsabilidad de su casa, lejos de aficionados ávidos de victorias, buen juego y resultados. Además, el Atlético de Madrid desprende la misma sensación que el Real Madrid: sólo quiere el balón para el juego directo y rápido. Y eso en casa no funciona siempre ante rivales agazapados.
Durante el periodo del trivote, el Atlético de Madrid encadenó varios malos resultados. La entrada en el once titular del 'Kun' Agüero supuso una inyección de optimismo entre la parroquia atlética, pero los problemas en casa continúan invariables. Ni el argentino ni su gran estrella, Fernando Torres, imponen la ley del más fuerte y aseguran la estabilidad y continuidad que el equipo necesita en casa.
En su descargo hay que mencionar la intención asesina de los tres ases del Espanyol. Luis García, Raúl Tamudo e Iván de la Peña se complementan a la perfección. De todas formas, no debemos olvidar el trabajo de Ernesto Valverde, muy criticado en el comienzo de temporada, pero con una apuesta muy atrevida: un medio del campo con Moha, Moisés, Chica y Rufete, junto a los tres de arriba confirman la existencia de un equipo valiente y ofensivo.
Fuente: http://www.notasdefutbol.com/2006/12/11-mal-de-altura-colchonero