Yo en aquel entonces estudiaba de Erasmus en Coimbra, Portugal. En uno de los muchos bares de la Universidad habÃan puesto una pantalla grande para ver los partidos de la Eurocopa del 2000 y en aquella ocasión por deferencia pusieron la retransmisión por parte de Televisión Española, por los muchos Erasmus españoles que estábamos siguiendo aquel partido.
España necesitaba la victoria ante los balcánicos para pasar de la fase de grupos y delante tenÃa una Yugoslavia que con empatar le bastaba para lograr lo propio. Asà las cosas, todo parecÃa sentenciado para el equipo español cuando en el minuto 75 Slobodan Komljenović ponÃa el 3-2 para los eslavos del sur, tras los tantos iniciales de Savo MiloÅ¡ević y Dejan Govedarica y las dianas españolas de Alfonso y un golazo de Munitis.
Los minutos pasaban y el milagro no sucedÃa. Muchos compañeros no pudieron aguantar la incertidumbre y se marcharon. Otros “pasaron” olÃmpicamente del partido que ya veÃan sin emoción ni historia. Yo en cambio, que ya habÃa visto en esa misma pantalla una grandÃsima remontada de Portugal frente Inglaterra ante el delirio de los aficionados locales, mantenÃa la esperanza.
Aquel dÃa y por una vez en la historia, la diosa fortuna sonrió al fútbol español, y se materializó en las botas blancas de Alfonso. Ahora es habitual ver que los futbolistas lleven botas de diferentes colores además del clásico negro; por entonces, el delantero del Betis fue uno de los primeros que lució el color blanco en sus botas, aunque antes ya habÃa visto hacerlo al delantero italiano Marco Simone.
Cuando Mendieta logró el empate en el minuto 90, algún fuego se avivó en las cenizas de una afición tan acostumbrada a los fracasos. No quedaban más que unos segundos del tiempo de descuento y España tenÃa la posesión del balón. Guardiola tenÃa el balón en el centro del campo y lo preparaba con una tranquilidad absolutamente fuera de lo común dadas las circunstancias. En la televisión, MÃchel tranquilizaba a la afición destacando que “queda un minuto largo”. Un compañero mÃo saltó y “ordenó” a Guardiola: “Pero que tiempo ni que jugada…¡a la olla! ¡a la olla!”. Por suerte el actual entrenador del Barça le hizo caso y la lanzó a la olla, donde esperaba Urzaiz que se impuso a toda la defensa para dejar el cuero a merced de las botas inmaculadas y milagrosas de Alfonso.
Puede publicar nuevos temas en este foro Puede responder a temas en este foro No puede editar sus mensajes en este foro No puede borrar sus mensajes en este foro No puede votar en encuestas en este foro