Existe un topos idÃlico entre los aficionados al fútbol y al deporte en general, que hemos visto reproducido en pelÃculas, anuncios de televisión y otras obras de ficción. Y en un ámbito más extendido, la podemos ver en uno de los múltiples cástings que se reproducen en la parrilla televisiva cual cucarachas. La tÃpica escena en la que un desconocido jugador salta al campo siendo el último recurso para sustituir a otro jugador de nivel, y gracias a su actuación salta inmediatamente al estrellato.
Pues esto fue justo lo que le pasó a James Riordan, y en el escenario que más se aleja de esta idea capitalista del éxito casual e instantáneo, el glamour y las oportunidades únicas. James Rirdan fue el único británico que jugó en la liga soviética, aunque su historia es bien poco conocida incluso en su propio paÃs, siendo más recordada la no menos mÃtica historia de Robert Lockhart, un diplomático-espÃa inglés que llegó a jugar para el Dynamo de Moscú en la Rusia prerrevolucionaria.
Pero volvamos al caso de Riordan, cuya historia completa se explica en el libro “Comrade Jim: the spy who played for Spartak”. En 1963, Riordan era un militante comunista convencido, que tras pasar un periodo como agente para los servicios británicos y ser enviado a BerlÃn, donde estableció contactos con los soviéticos y acabó muy atraÃdo por ellos, se convirtió en uno de los primeros – y últimos – estudiantes británicos que cursaron en un colegio superior del partido en Moscú. En esa época, coincidió con una pequeña comunidad de ingleses entre los cuales estaban los celebérrimos Kim Philby y Guy Burgess, dos de los miembros más destacados de los llamados “EspÃas de Cambridge†que actuaron como agentes dobles al servicio de la Unión Soviética y, tras ser descubiertos, tuvieron que escapar al otro lado del telón de acero. De hecho, sólo unos dÃas antes de su breve historia futbolÃstica, Riordan habÃa sido uno de los portadores del féretro de Burgess. Este grupo sà debÃa sentirse como un “alién legal”, como califica Sting un “Inglés en Nueva York” en su famosa canción.
Los fines de semana Riordan solÃa jugar con sus amigos a fútbol. Fue en una de estas “pachangas†cuando el entrenador del Spartak, Nikita Simonyan, se fijó en su calidad después de que Gennady Logofet, lateral izquierdo del equipo moscovita y amigo de Riordan, lo recomendara encarecidamente. De esta forma, el británico fue invitado a visitar las instalaciones de entrenamiento del Spartak y a participar en la sesión de aquel dÃa. Poco después recibió una llamada telefónica del entrenador: “¿Estás libre hoy?â€. El jugador pensó que querÃa invitarlo a ver el partido de aquel dÃa como espectador o algo asÃ, y contestó afirmativamente. “Pues ven y tráete las botasâ€.
El motivo era que el defensa central titular estaba lesionado. Bueno, en realidad estaba en un exagerado estado etÃlico o como dicen en Rusia “Amigo de la serpiente verdeâ€, eufemismo que define el alcoholismo. El técnico entonces pensó en aquel jugador venido de las Islas pero que fÃsicamente era imponente como un T-34 soviético, debido a su altura y a su envergadura. El partido en cuestión frente al Pakhtakor de Tashkent acabó en empate a dos goles en el marcador del Estadio Lenin de Moscú, y Riordan, desde entonces apodado “Chopper†por sus compañeros, recuerda con orgullo que los dos goles del equipo contrario llegaron por las bandas y no por su posición de tapón por el centro.
La presencia de un jugador inglés en el Spartak no dejaba de ser peligrosa para el club. De hecho, el fundador del Spartak Nikolai Starostin habÃa salido del gulag sólo ocho años antes, tras permanecer recluido a raÃz de uno de los episodios más oscuros del fútbol en la Unión Soviética. Ante la seria competencia que el Spartak ofrecÃa a los clubes más “oficiales†como el Dynamo (manejado por los servicios secretos) y el CSKA (controlado por el ejército), Starostin fue arrestado en 1942 y acusado de “Alabar el deporte burgués e intentar arrastrar sÃmbolos burgueses hacia el deporte soviéticoâ€. Desde luego la inclusión de un jugador “capitalista†en el equipo no era la mejor medicina. En 1963 los tiempos habÃan cambiado levemente en la Unión Soviética: Yuri Gagarin se convertÃa en el primer hombre en el espacio y en sÃmbolo del progreso del paÃs, y el cuerpo de Stalin era retirado del mausoleo. Aún asÃ, por megafonÃa el nombre de Riordan se anunciaba como “Yakov Iordanovâ€, por lo que en realidad pocos notaron que era extranjero.
Como el defensa titular seguÃa de juerga etÃlica, Riordan fue convocado de nuevo en el partido siguiente ante el Kairat Almaty. Esta vez el resultado fue de empate a uno y la actuación del inglés, como el mismo reconoce actualmente, no fue tan satisfactoria como en su debut. Este partido representó el final de una de las carreras futbolÃsticas más breves y sorprendentes de la historia, ya que aunque fue llamado como substituto en un par de partidos posteriores, ya no volvió a jugar al fútbol de alto nivel.
Actualmente James Riordan cuenta con 72 años y vive cerca de Porstmouth con sus dos gatos Pompey y Tilly. Profesor retirado tras impartir clases en la Universidad de Surrey, y mucho más conocido por su estudio “Sport in Soviet Societyâ€, primer estudio occidental sobre esta temática, que por sus 180 minutos como Yakov Iordanov en la élite del fútbol soviético en plena Guerra FrÃa.
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Notas de Fútbol