Durante las últimas semanas la situación de Ronaldinho en el Barcelona está alcanzando la categorÃa de sainete. Las continuas deserciones del jugador, la plaga de misteriosas lesiones unidas a las amenazas de su hermanÃsimo, parecen situar al Gaucho fuera del Barcelona la próxima temporada. Vertiginoso descenso a los infiernos de un jugador que hace dos años era aclamado en el Bernabeu y elevado como el Cristo del Corcovado a los altares del barcelonismo.
La casi segura marcha de Ronaldinho por la puerta de atrás de Can Barça provoca una sensación de “deja vuâ€. Los filósofos griegos como Anaximandro explicaban los ciclos de la historia, mediante el mito del eterno retorno. Ese eterno retorno explica buena parte de los últimos quince años de historia del club. El Barcelona descubre mesias brasileño, club y jugador viven un idilio apasionado y fecundo con Balón de Oro y tÃtulos incluidos, para acabar con ruidos de platos rotos, cuernos y maletas tiradas por la ventana.
Romario, Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho representan cuatro de los nombres más influyentes del fútbol contemporáneo, y con permiso de Kaká los mejores jugadores surgidos de la Canarinha en los últimos años. Al Barcelona hay que atribuirles el arrojo de apostar por ellos cuando aún no eran primeros espadas en el fútbol mundial, en el debe su absoluta incapacidad para conservarlos. Salvo en el caso del “Rivaldazo†donde la fiabilidad del jugador habÃa sido probado sobradamente en la Liga Española, los otros tres eran jugadores con gran talento por los que nadie se atrevió a apostar con más convicción que los azulgrana.
El paso de Romario y Ronaldo por el Barcelona ofrece numerosos paralelismos. Ambos procedentes del PSV y dotados de un talento espectacular, existÃan serias dudas sobre su adaptación a un campeonato más competitivo que el holandés. La llegada de los dos convulsionó la Liga española en periodos diferentes. Romario representaba la sutileza de terciopelo de en el área, Ronaldo la potencia desbocada, el jugador total. Ambos diferentes y geniales a partes iguales, ambos la joya más preciada de un Barcelona envidiado por todos.
Su paso fue igual de breve, tras convertirse indiscutiblemente en los mejores del mundo, la morriña, juergas nocturnas y envenenados mensajes de los representantes precipitaron el desastre. Tras poco más de un año, las desavenencias de Romario con Cruyff provocaban su salida del club. A Ronaldo sólo le alcanzó una temporada, tras el dantesco episodio entre Martins, Pita y Núñez, el sucesor de O´Rey ponÃa rumbo a un calcio donde cavarÃa su tumba.
El periodo de Rivaldo en el Barcelona serÃa más extenso, su salida igual de tempestuosa. Enfrentamientos con entrenadores, negativas a jugar en la banda izquierda, crÃticas del llamado entorno y la afición acabaron por minar la estancia del jugador en la ciudad condal. Su marcha al Milán previo ofrecimiento al Real Madrid desmerecieron los cinco años gloriosos (chilena incluida) que el jugador regaló en Barcelona.
La situación de Ronaldinho recuerda a la de sus compatriotas, rescatado de un segunda fila europeo como el PSG gracias al arrojo y la visión de Laporta, al gaucho le bastaron diez partidos para convertirse en el Ãdolo de la grada. De la mano han crecido hasta llevar a uno a la instauración de una secuela del dream team y al otro a la consagración como mejor jugador del mundo. Cinco años después la historia se repite, y la caÃda de otro Ãdolo brasileño está cantada. Canaletas volverá a quedarse pensativa sin el mágico ritmo de una samba que es incapaz de conservar.
En NdF | Se le acabó la bula a Ronaldinho
Notas de Fútbol