Publicado: Jue Mar 27, 2008 7:12 pmAsunto: Manta Ray: Discografía (Parte III de III)
Llegamos hoy al último de los tres capítulos con los que hemos tratado de echar un vistazo a la trayectoria de Manta Ray, una banda tan interesante como controvertida entre los aficionados (tenía completamente maravillados a quienes gustaban, mientras que el resto de mortales solía situarse en el extremo opuesto).
Su disolución, anunciada ahora hace un mes, es una pena que aún lloran muchos. De hecho, en myspace se ha iniciado una campaña para pedirles una gira de despedida que permita verles por última vez sobre los escenarios de toda España. No estaría nada mal, la verdad, ya que en directo siempre han sido irreprochables.
En este último post, contemplamos cómo Manta Ray dieron un nuevo golpe de timón, con tres discos que les cambiaron casi por completo. ¿Fue algo malo? Veamos:
Heptágono (con Schwarz)
En 2001, surgió la enésima colaboración entre Manta Ray y otra banda. Era un encuentro que parecía casi predecible. Mientras Manta Ray se habían ido librando de lo que ellos consideraban rémoras en su música y volviéndose progresivamente más cerebrales, Schwarz eran, desde el inicio de su carrera, la banda más alemana del indie español. Así que cuando se anunció un disco compartido, sólo quedaba saber si iba a ser consecuencia de una ruta de colisión, de un camino convergente o (quizás la peor opción) de un sendero paralelo que nunca se cruzaría (algo así como un nuevo Diminuto Cielo).
De elegir bien a los amigos, de eso se trata, como recuerda Enrique Martínez en la entrevista que el Feedback-zine (¿dónde estáis?) les hizo a los dos grupos con motivo del lanzamiento de Heptágono.
El disco no es sólo un aquí te pilló-aquí te mato, sino que recuerda al modo de trabajo con el que se han grabado todos los discos de la serie In The Fishtank: se trata de reunir en el estudio a dos bandas con visiones parecidas y que trabajen juntas para grabar en directo, sin trucos ni retoques, una nueva obra.
Como condiciones previas, en Heptágono tenía que aparecer una versión de cada banda, que la otra grabaría por separado, y dos versiones de otros músicos, grabadas conjuntamente. Las otras tres canciones debían ser fruto del esfuerzo común.
Aunque el concepto del disco y la propia manera de ser de los grupos participantes pudieran propiciarlo, Heptágono no se va por las ramas. La improvisación, que existe, está bien acotada. Las jams instrumentales, que aparecen, no se estiran hasta el infinito. El caos vive, pero no ahoga. Con tanto músico junto, en vez de emborronarse la paleta de colores de Schwarz y de Manta Ray, lo que se consigue es que haya muchísimos más matices.
Curiosamente, lo más flojo del lote son las versiones que Manta Ray y Schwarz se dedican, grabadas por separado. El resto de canciones puntúa tan alto que, indirectamente, se nota que esos dos temas (If You Walk tocado por los murcianos y I´m Bored With Rock´n´Roll ejecutado por los de Gijón) son los lados borrosos del heptágono.
Por contra, puntúan alto las interpretaciones de Antenna (Kraftwerk), muy poco respetuosa con los alemanes y por ello interesante (youtube), y el precioso On Some Faraway Beach, de Brian Eno, que ralentiza la emocionante original, le pone ruiditos más marcianos y no suena por ello más fría. Ahí vuelve a aparecer el José Luis García que tantos seguidores de Manta Ray deseábamos volver a escuchar. Será, casi, la última vez que cante a la manera de sus primer disco.
Estratexa (2003)
Con Estratexa Manta Ray no sólo cambiaron de sello (adiós a Astro, hola a Acuarela), sino que decidieron, por primera vez en su carrera, que sus posicionamientos personales tenían que ser visibles en un disco. Posicionamientos en lo político y en lo musical que convirtieron Estratexa en un disco rabioso, violento, furioso… y, también, en unos pocos resbalones, en un gesto donde su excesivo expresionismo acaba por rebajar la presunta intensidad, hasta convertirla en histrionismo de galería de arte.
Ésa es la pega menor que se le puede poner a Estratexa, algo así como el viaje de Alemania a Washington DC. Manta Ray no son Shellac ni, posiblemente, nunca lo han pretendido, pero con su nuevo disco buscaban los rastros del grupo de Steve Albini . Sólo así podían nacer cosas como la canción titular (youtube): un bajo saturadísimo, una batería brillante y un crescendo de puro rock que desemboca en un final demoledor. Cuando Estratexa funciona (o sea, la mayoría de las veces) su sonido es el del nerviosismo de la revuelta. White Riot, a riot on my own, que dirían los Clash.
Quizás ésa sea la mayor virtud de Estratexa: por encima de sus canciones está su sonido, demoledor. Algo que tiene aún más valor porque era lo que la propia banda buscaba:
Queríamos desprendernos de toda la luminosidad que habíamos adquirido en Esperanza, de las bases electrónicas, los arreglos de cuerda. Necesitábamos hacer un disco más crudo, más rabiado. Un disco como Estratexa pretende ser un grito crítico contra un mundo cada vez menos habitable. Y esa es nuestra estratexa actual.
Se abandona cualquier rastro de melodía. Los ritmos se vuelven hipnóticos. La fuerza del nuevo concepto es palpable en Asalto (youtube). Vale, nada especialmente novedoso, si se piensa: Estratexa lo único que haces es ***** a los grupos de Dischord y mezclarlos con algo de krautrock. Pero, de nuevo, no es la innovación lo que importa y no es por ello por lo que se debería juzgar a Manta Ray, sino los resultados sonoros, donde hay pocas pegas.
Estratexa sólo se toma respiros en Añada y Another Man, y son falsos remansos de paz, donde la tranquilidad se orienta hacia sonoridades más freejazz, como en Rosa Parks, o directamente más tenebristas, como Ausfahrt.
Aunque en un primer momento, Estratexa apabulla y se corre el peligro de encumbrarlo muy alto, con el paso del tiempo se ven las taras de la propuesta, ya comentadas. Que Manta Ray buscasen el sudor, lo físico, y les saliese algo más orientado hacia el art rock es sólo ejemplo de sus propias limitaciones en el estudio. Mientras en directo este disco sí transmitía sensaciones parecidas a las de Shellac, en la grabación sólo llegaba a querer sonar a como los de Chicago. Además, como nueva vía musical para el grupo, no dejaba mucha posibilidad a una continuación.
Me releo y veo que parece que Estratexa no me guste. No lo toméis por ese camino: es un disco notable, pero tampoco supera a la mejor encarnación de la banda.
Torres de electricidad (2006)
Si Extratexa ejerciera de antítesis de toda la carrera de Manta Ray, Torres de electricidad debería haber sido la síntesis. Al menos, eso parece cuando lo escuchas. En el mismo disco conviven el grupo violento, el cerebral y el pasional: tres caras de la misma moneda que alcanzan su mejor unión en Por qué evadirse a otros mundos aún más pequeños, quizas el ejemplo de que el grupo parecía por fin dispuesto a aceptar todas sus vertientes. Esa gran gema de épica matemática es, desde el mismo momento en que la escuchas por primera vez, una de las mejores canciones de Manta Ray y su presencia sirve para elevar el nivel medio de Torres de electricidad, otro disco notable.
Sí, así es, otro disco notable, pero tampoco un disco perfecto. Me parece, no obstante, más valiente que Estratexa. Prosigue el camino de aquél en canciones como Mi Dios Mentira (youtube), con la que dan ganas de liarse a hostias con la gente o de hacer saltar el mundo por los aires, una sensación siempre gratificante en un disco de rock (siempre que no la llevéis a cabo, claro). Tensan más sus nervios en cosas como Don´t Push Me, sin necesidad de estar siempre pareciendo que son los más duros del lugar. Y cierran el disco (y su carrera) con la buenísima Torres de electricidad, otra canción larga que subir al podio de sus mejores temas.
Cómo se puede comprobar en el directo grabado en Granada, la gira fue apabullante. Tanto que varias noches parecía que el grupo iba descarrilado, al límite. Que incluso sufría. Ahora aquello parece una premonición. Pero, después de todo, puede que sea mejor que el grupo ya no siga adelante: dijeron mucho y lo dijeron bien. Si su vida ha cambiado, si sienten la necesidad de estar en otros proyectos, su carrera se cierra sin apenas pasos en falso. Se van justo cuando podrían haber empezado a desvanecerse, en vez de a arder. Y recambios hay de sobra, hasta mejores: que sus fans se fijen en Lisabö, si es que aún no los conocen. (Bueno, la verdad es que debería ser obligatorio escuchar a Lisabö).
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