El Faro de AlejandrÃa constituÃa una de la siete maravillas del mundo antigüo. Construido en la pequeña isla de Faro, marcaba la posición de la ciudad, emitiendo un rayo de luz superior a los ciento cincuenta metros. Miles de marinos evitaron el naufragio gracias a su providencial guÃa. Más de veinte siglos después, el Egipto moderno puede presumir de contar con un orác*** luminoso de igual potencia al antiguo faro destruido por un terremoto en el siglo XIV. La pierna clarividente de Abou Treika ha guiado la nave faraónica por Ghana con la misma efectividad que los astrolabios o cartas marinas que construyeron las grandes gestas marÃtimas de la antigüedad.
El caso de Abou Treika representa uno de esos misterios que arroja el fútbol. Joyas escondidas a la vigilancia del gran ojo globalizador. A sus treinta años, el egipcio no aspira ya a hacerse un nombre en el fútbol europeo, sólo a regalarnos su clase con cuentagotas en este escaparate del fútbol africano cada vez se más rodeado de focos en que se ha convertido la CAN. Sin embargo, las dos últimas ediciones evidencian que nos encontramos ante un auténtico jugadorazo, comparable en su importancia dentro del continente africano a la talla de Zidane en Europa.
Su última CAN ha sido para enmarcar. Preciso, elegante e incisivo a la vez, debemos valorar su actuación no sólo por sus acciones individuales, sino por la exquisita sutileza con la que ha movido los engranajes de su equipo, como si de un prestidigitador se tratase. El premio al mejor jugador de la competición ha sido finalmente para su compañero Hosny, un medio centro todoterreno que aún está a tiempo para intentar la aventura europea. Sin discutir su calidad, en mi opinión, las tres semanas que nos ha regalado Abou Treika merecÃan más reconocimiento. Bajo el brazo lleva un manual de lo que debe ser la figura del 10, ese al que todos tratábamos de imitar en el patio del colegio y al que los rÃgidos corsés del fútbol actual están convirtiendo en patrimonio de la Unesco.
El fútbol es olvidadizo, y un par de semanas después de terminar el momentáneo baño de gloria que ha supuesto Ghana, el genio volverá al anonimato, lejos las miradas del fútbol internacional. En su retiro dorado, el popular El Ahly egipcio, mejor equipo africano de la última década, el asesino sonriente (apodado asà por el gesto que realiza tras marcar un gol), continuará impartiendo lecciones de fútbol. Con su edad es difÃcil que algún equipo europeo se atreva con la apuesta arriesgada de un jugador tan diferente, y si sucediese, serÃa otro de los muchos regalos de Egipto al viejo continente a lo largo de su historia.
Hasta entonces, tan sólo unos pocos privilegiados, entre el caleidoscopio humano que constituyen las calles de El Cairo, podrán contemplar los movimientos en el campo de este faraón orgulloso. Para el recuerdo quedan sus fintas, pases y elegancia, también el gesto de solidaridad con el pueblo palestino que le valió una sanción de la Fifa. Si Europa permanece ciega a sus encantos, esperaremos a Angola 2010 para volver a contemplar los rayos de luz que emiten la zurda del nuevo faro egipcio.
En NdF| Continente Africa: Impresiones sobre Ghana 2008
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