Quien busque en Lucas 15 un proyecto menor de Nacho Vegas yerra totalmente porque, salvo la barrera idiomática en algunas canciones, tanto la instrumentación como la temática de algunas de sus letras entra dentro de la órbita de lo previsible del cantante asturiano. Me estoy referiendo a las tremendas Teresina y el cantar de ciego El sacaúntos de Allariz, cuyas letras podría haberlas firmado el propio Vegas.
Ese acercamiento al folk de Asturias fomentado por Vegas y Xel Pereda, su fiel escudero y guitarrista que auspicia desde su sello Lloria Discos este impecable lanzamiento, no parece una frivolidad más del gijonés, sino que es una obra totalmente principal y muy consistente.
Nacho Vegas grabó casi a la vez que su disco con Christina Rosenvinge, Verano fatal, el debut de Lucas 15 y en él revisa desde la óptica del rock de autor una serie de temas de la tradición musical del Principado.
Lo mejor de todo es que en ningún momento chirría esta fusión. Claro está, comparar la manera de cantar de Vegas, un cantautor a la usanza americana, con la de Pereda, un hombre curtido en el folk que interpreta Los fayeos de mayo, con letra del malogrado Ígor Medio (Felpeyu), y Con tomillo y romero, deja en franca evidencia al primero.
El disco de Lucas 15 podía haber llevado una producción excesiva, con cuerdas, metales y demás aditamentos innecesarios, pero es un álbum de folk-rock de un quinteto que borda temas bien conocidos aquí como Moces a bailar, Romance de La Pola, Como la flor o Nel campu nacen flores.
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