La abulia ha acabado por llenar por completo los discos de Marco A. Maril tras el abrupto adiós de Dar Ful Ful. Si lo de aquel grupo fue una pirueta magnífica en la que el tecnopop sentimental y melancólico se ponía casi a la altura de sus referentes (Family, New Order y unos pocos más), la carrera en solitario del cerebro musical no ha conseguido llegarme ni una sola vez.
La abulia, digo, parece la culpable. Falta la voluntad que había en El artista adolescente para superar las limitaciones propias y no caer en una telaraña de tópicos indies. Si Bumerán, Bumerán ya fue un disco que puntúo muy bajo y al que el pasado inmediatamente anterior le hizo un muy flaco favor, Un rayo de sol, aunque mejora la cosa, tampoco acaba de despuntar.
De aquí quedan pocos estribillos para el recuerdo (imperdonable en un grupo pop), casi ningún gancho y la sensación de que muchos nos están diciendo que este disco crece con las escuchas sólo para no decirnos que de primeras no les gustó nada y que el roce hace el cariño.
Por si fuera poco, se le compara por ahí fuera con “múm, East River Pipe, Casiotone for the Painfully Alone, Khonnor, Patrick Wolf”. Incluso con Ana D. Lo de ésta lo admito si se pone a Un rayo de sol como pálida versión del imprescindible Satélite 99. Lo de múm también, sobre todo si se compara con sus discos aburridos, pero lo de Casiotone for The Painfully Alone o (¡madre mía!) East River Pipe no se sostiene por ningún lado. Ni magia ni buen música.
Pues sí, a mí también me parece que aquel minidisco de Dar Ful Ful es un referente del indie patrio de la primera década de siglo. Pero aquí no hay ni personalidad, ni melodías, ni voz ni emoción. No hay nada de lo que una vez hubo. Seguir dándole coba es impedir que Marco vuelva algún día a regalarnos lo que nos dio una vez. Es darle alas a su abulia. Y la abulia siempre ha sido considerada un enfermedad.
Discográfica | Jabalina
Hipersonica