Arsenal. Arsenal. Arsenal. Es sin duda el equipo de moda al otro lado del charco. Todo parte de SarandÃ. Todo parte de una ciudad de apenas 60.000 personas, en el partido de Avellaneda, en un lugar donde fútbol equivale a Racing e Independiente. La historia de este singular equipo creado hace cincuenta años por el actual presidente de la AFA, Julio Grondona, ya la hemos contado en varias ocasiones. Es curiosa, en cierto modo inverosÃmil, como su actual trayectoria deportiva. Hace diez años luchaba por salvarse de la quema de Tercera y este pasado viernes silenciaba a las cien mil personas que poblaban el estadio Azteca en la primera final a doble partido de la Sudamericana.
A veces la dimensión de lo real sobrepasa la lógica e incluso roza lo onÃrico. Arsenal es el mejor ejemplo de ello. Gustavo Alfaro es uno de los principales responsables. Es un entrenador joven, con ideas claras, con un estilo definido, siempre con la defensa de cuatro y un centro del campo con muchos efectivos. Es meticuloso, intenso, un ganador que ya firmó con otro conjunto chico, Quimes, unas páginas excelsas. Lo de Arsenal, como lo de Lanús, es algo que se veÃa venir, porque en los últimos años su ascensión es incontestable. En la anterior campaña sorprendió a todos con su clasificación para las copas. Pero lo que nadie esperaba, sin duda, es que en la Sudamericana los del Viaducto llegaran hasta la final.
Y lo han hecho. En México, en el único estadio donde se han jugado dos finales de un Mundial, en el campo que consagró a los dos grandes genios, Pele y Maradona… AllÃ, en la casa del segundo club más seguido del paÃs, del club más poderoso en lo económico… En ese sitio, en ese templo, Arsenal hizo la machada el pasado viernes. Se disputaba el primer asalto de una final totalmente desigual. Frente a frente un gigante y un pequeño, un equipo con jugadores de fichas millonarias y otro con un plantel colmado de chavales y peloteros veteranos que viven una segunda juventud como Calderón o Biagini. Con ese marco, Arsenal pintó una maravillosa obra de arte.
Asà fue. América comenzó ganando por mediación de Cabañas. Empató Arsenal gracias a Matellán (ex Getafe y Nástic). Volvieron a adelantarse los locales con un golazo de Argüello ya en la segunda parte. Y entonces llegó la exhibición del joven Alejandro Gómez. Tiene 19 años pero jugó como si pasara los treinta. ¿Nervios? ¿Qué es eso? ¿Presión? ¿Qué es la presión? El Papu, un futbolista de corta envergadura que no llega a 1, 70 centÃmetros, la montó. Es un volante de corte ofensivo, eminentemente creativo, que de hecho estuvo en el combinado albiceleste que salió campeón del mundo sub 20 el pasado verano en Canada. Es producto made in SarandÃ, el mejor fruto de la cantera de Arsenal. Fue él quien se colgó la vitola de héroe porque con un feo 2-1 en contra en tan sólo diez minutos logró dos dianas, sintetizando en dos remates virtudes tan necesarias como colocación, habilidad u oportunismo.
SÃ, resulta difÃcil creer, pero aquà no se engaña a nadie. Arsenal se trae de México un prometedor 2-3. El partido de vuelta se jugará en el Cilindro, en la cancha de Racing. No sabremos si habrá lleno, porque la masa social de Arsenal es reducida. No obstante, seguro que toda Argentina se pondrá detrás de un equipo que no hace más que levantar admiración. En cuartos dejó afuera al Chivas, en semifinales se deshizo de River con una histórica tanda de penaltis que encumbró al meta Cuenca y ahora está a un pasito, sólo a un pasito, de cargarse al otro gigante mexicano. Ahora puede pasar cualquier cosa, igual América amarga la fiesta, puede que sÃ. Pero lo que está claro es que ni con una goleada puede reducir el inmenso mérito de este equipazo de leyenda.
Notas de Fútbol