marina

Registrado: 14 Jun 2006 Mensajes: 10211
Ubicación: Misiones, Argentina
|
Publicado: Vie Nov 16, 2007 8:39 am Asunto: Falso otoño |
|
|
En ParÃs era una fiesta , Hemingway habla de las “falsas primaverasâ€. Su idea ideal de la primavera era un tiempo de suave temperatura, de americana beige en la que sumergir la baguette y el periódico extranjero. De amables atardeceres en esos cafés que tanto cita, el Dôme, el Flore, el Deux Magot, la Coupole, la Rotonde. O de salir de cenar de la brasserie Lipp, en Saint-Germain, frente a la librerÃa La Hune, donde estuve el verano pasado y no vi más que libros. Salir de cenar, digo, con esa fe descomunal en el futuro que nos inyecta a veces el alcohol, sobre todo cuando fuera hace agradable, y cantar en silencio la alegrÃa de vivir (y de beber).
Pero en los años veinte en ParÃs llovÃa que daba gusto, ParÃs con aguacero, ParÃs desapacible en mayo, viento mojado, mal tiempo de coj****, horrible, dégeulasse, paragüas, calles vacÃas y poca fe en el futuro, y menos en el presente. Falsa primavera, falsa vida, falso todo.
Cuando ayer he paseado (estos verbos tan raros quedan muy de Umbral) por Ciudad Universitaria, me he dado cuenta de lo follajeados que estaban los árboles. Esto me hizo recordar un reciente descubrimiento relativo a la caÃda de las hojas, que me proporcionó el otrora bloguer Iulius Felix Catón. Me ilustró en el simple funcionamiento de los árboles y el otoño. ¿Que por qué se caen las hojas? Por el frÃo. Y si no hace frÃo, pues no se caen. Por eso al sudaquerÃo le sorprende al principio el tema de los árboles desnudos, cuando llegan por primera vez a EstepaÃs; no es normal en las latitudes cálidas que los árboles se deshagan de sus hojas. (También, por otra parte, se hace raro que los árboles se desprendan de esa vestimenta follil a los primeros frÃos, como si afrontaran el riguroso invierno desnudas, a palo seco, como esos bañistas valientes de la con*** de San Sebastián en enero.)
También he apreciado por el parque del Oeste, o esa zona del templo de Debod, como el verdor comenzaba a desgastarse, pero aún mostraba una plenitud rara, novedosa, incluso fantasmagórica. Como si el verano no hubiera dado paso al otoño, si no que se hubiera alargado como la lengua de una mariposa. Y aquà estamos, en un otoño extraño, agradable, en que todo parece un poco menos real, porque el frÃo como que te pone en tu sitio, te ordena las ideas, las recompone, las asocia, como decÃa César González – Ruano.
El náufrago digital
|
|