Dos consideraciones previas: la causa de que Astrud actuaran dos noches consecutivas en Madrid la justificaba su cantante, Manolo Martínez, en declaraciones al suplemento On Madrid, diciendo que en la capital no existen prácticamente salas de conciertos de aforo medio, y que ya son horas de que aparezca algún nuevo local destinado a la música en directo. No le falta razón, y yo añadiría que, por mucha historia que tenga la Sala El Sol, su incomodidad y poca visibilidad no van acordes con los tiempos que corren.
En segundo lugar, está el asunto de los horarios. Hoy en día puedes saber a qué hora vas a entrar en un concierto, pero nunca cuándo va a empezar realmente. Y, aunque suene a perogrullada, si algo está anunciado a las 11, debería empezar a las 11. O, considerando que esto es España y que la puntualidad no es una de las virtudes que adornan a sus habitantes, podemos conceder unos minutos de cortesía (quince estaría en el limite de lo razonable), pero lo que no es de recibo es que se haya generalizado la costumbre de tenernos esperando, como fue el caso del viernes, casi una hora con respecto al horario anunciado. Al menos a mí, me gusta disponer libremente de mi tiempo y no que lo hagan otros.
Pasando a la actuación propiamente dicha, y aunque era la enésima vez que veía a Astrud en directo, el aliciente era que las tres últimas ocasiones había sido en formato festivalero y, por tanto, más corto, y la cuarta coincidiendo con la publicación de su álbum de caras B. Y yo no sé si estoy cegado por la total devoción que siento hacia este grupo, pero, a pesar de los problemas técnicos (sobre todo con el MIDI de Genís Segarra), y de lo inevitable de echar de menos algunas de mis canciones favoritas (son demasiadas), me volvieron a encandilar y a convencer con creces.
Repitieron la formación de cuatro que llevan últimamente y repasaron temas de toda su carrera, mostrándose tal vez un poco rácanos con los bises. La novedad más importante fue esa trilogía temática sobre el miedo, ya medio anunciada hace tiempo por Genís en una entrevista a EP3, formada por “El miedo que tengo” (enorme, cómo gana con las escuchas), “No tengo miedo” y “Miedo a la muerte estilo imperio”. Tan solo unos minutos después del final, Luiliminili, presente entre el público junto a otros miembros de L-Kan, les hacía un mini homenaje a ellos y a otros austrohúngaros pinchando en su sesión del Ochoymedio “El vertedero de São Paulo”, “Disfraz de tigre” y “Bomba latina”.
Sitio oficial | Astrud
Más en Hipersónica
Hipersonica