Haciendo balance, la segunda edición del Summercase me pareció, en líneas generales, sensiblemente inferior a la del año pasado. Hubo ciertos momentos memorables, sí, pero se echaron de menos conciertazos tan rotundos como lo fueron el de Daft Punk o Rufus Wainwright, pongamos por caso. Lo cual no quiere decir que, sin embargo, no me lo pasara en grande, porque, como todo el mundo sabe, un festival es algo que trasciende los límites de la música.
Problemas logísticos (de transporte, sobre todo), me impidieron llegar tan pronto como habría deseado, con lo que me perdí apetecibles actuaciones como las de Editors o Sr. Chinarro. Del resto, esto fue lo que presencié:
Lily Allen
Por su estilo, nunca llegará a ser mi una de mis artistas favoritas, pero sus desenfadadas canciones se revelaron ideales para el momento en el que actuó, casi a punto de caer la noche. Confesó estar un poco borracha, lo cual seguramente contribuyó a que los largos discursos con los que presentaba cada uno de los temas fueran tan divertidos. Eso, y “Smile”, fue lo mejor del concierto.
Phoenix
Yo quería ir a ver a PJ Harvey, pero el inicio de su actuación, acústico y sosegado, asustó a la mayoría de mis amigos, que preferían algo más fácil, así que nos trasladamos al escenario donde tocaban los franceses. Pero, si los discos de Phoenix me suelen dejar insatisfecho, su concierto me confirmó la sensación: a sus canciones les falta algo, muchas veces dan la impresión de estar inacabadas y de rozar el borde de una redondez que nunca acaban de alcanzar. Lo más aplaudido fue la celebérrima “If I Ever Feel Better”, que alargaron convenientemente para dilatar su indudable encanto.
Astrud
Fue una faena que retrasaran la hora a la que debían comparecer inicialmente, debido a la cancelación de Mika, porque eso me impidió ver la actuación completa (se solapaban con Arcade Fire). Genís volvió a hacer gala de su infinita y bendita locura, tanto en atuendo como en comportamiento, y parte del repertorio se me hizo bastante arriesgado para el formato festivalero: “Chico del siglo veintiuno” o “Todo es lounge (mi vida es Lynch)” fueron una pequeña tortura para los menos cercanos a ellos y un gran regalo para fans como yo.
Arcade Fire
Tal vez el problema fueron las expectativas creadas. Tenía tanta ansia por verlos, tantas ganas de que se auparan al pódium de mis conciertos favoritos de la historia (junto a Radiohead en Bilbao o Hard-Fi en Londres, por ejemplo), que no puede evitar sentir una leve decepción. Pero ya digo que fue seguramente porque les había puesto el listón demasiado alto, porque, por lo demás, pocas cosas hay comparables a escuchar “Neighborhood #2 (Laïka)”, “Rebellion (Lies)” o “No Cars Go” en vivo. Descontándome a mí, triunfaron.
Bloc Party
Me hicieron bailar más que The Chemical Brothers el primer día. Soy de los que opinan que “The Prayer”, “Waiting for the 7:18”, “Song For Clay (Disappear Here)” o “Uniform”, de su segundo álbum, están casi al mismo nivel de “Helicopter”, “Banquet”, “Positive Tension” o mi favorita, “Like Eating Glass”. Todas las tocaron, y, a falta de consultar coincidencias de horarios, es más que probable que me acerque a verlos de nuevo en el FIB.
Scissor Scisters
Dan lo que se espera de ellos: desparpajo y diversión. Guiados por la elocuencia de Ana Matronic, que no paró de hablar, y la falta de complejos de Jake Shears, al que parece molestarle sobremanera llevar ropa encima, hicieron un recorrido por lo más destacado de sus dos discos (aunque sigo pensando que “Land Of A Thousand Words” es un error, tanto en versión de estudio como en directo). Mi momento favorito: “Comfortably Numb”, aunque he de confesar que otros dos que pudieron haberlo sido (“I Don’t Feel Like Dancin’” y “Filthy/Gorgeous”, que dejaron para el bis) me pillaron ya de camino a la carpa que supuso el fin de fiesta…
2manydjs
...donde pinchaban 2manydjs. Me habían dado malas referencias de su sesión el día anterior en Barcelona (aunque fue el amigo de un amigo de un amigo, así que tampoco era muy de fiar), pero lo cierto es que resultaron ser un fantástico cierre para dos días de música. Sin ser yo, ni mucho menos, un especialista en diyéis, sí tuve la impresión de estar ante una impecable demostración de técnica ante los platos. Hubo los acostumbrados y célebres mash-ups que les han hecho famosos, y, a veces, quizá demasiada tralla, pero, para qué engañarnos, a esas horas era lo que el cuerpo pedía.
Hipersonica