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Historia de Antioquia
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Antioquia

Se afirma con alguna certeza que los primeros pobladores asentados en Antioquia, al igual que en el resto de Colombia y alrededores andinos, datan al menos de 10.500 años atrás, aunque pudiera ser antes si se tiene en cuenta que en el Perú hubo hombres desde hace por lo menos 22.000 años.

Cuando llegaron los españoles en el siglo XVI, las tierras de Antioquia estaban pobladas por numerosas tribus indígenas que pertenecían especialmente a un pueblo denominado Caribe, el cual, según los registros arqueológicos, comenzó a extenderse primero por la Costa Atlántica antioqueña y luego fue descendiendo hacia el sur del departamento por los valles de los ríos Cauca y Magdalena.

Aunque todavía no hay mucha claridad sobre la cultura de el pueblo caribe, lo cierto es que los españoles se acostumbraron a denominar "caribes" a los grupos indígenas que ofrecieran mucha resistencia armada, utilizaran arcos con flechas envenenadas y practicaran el canibalismo y la sodomía. Esta etnia fue la que habitó predominantemente en Antioquia al arribo de los conquistadores.

Por esa época la etnia Caribe tuvo varias familias en Antioquia: a grandes rasgos dos de ellas, los Catíos y los Nutabes, habitaban en la región comprendida entre los ríos Cauca y Porce, así como en el Valle de Aburrá, y la otra gran familia Caribe, los Tahamíes, se localizaba entre los ríos Porce y Magdalena.

En el Golfo de Urabá vivían los sub-grupos Urabáes y Cunas, este último grupo no Caribe perteneciente a la clasificación Chibcha.

Finalmente, pertenecientes también a otra etnia diferente, siglos antes los Quimbayas estuvieron presentes en Antioquia en su zona sur, en la región de Abejorral y Sonsón, así como en la región del hoy eje cafetero. Los ibéricos no tuvieron contacto significativo con lo que entonces quedaba de esta cultura, que había prácticamente desaparecido desde el siglo X.

Rodrigo de Bastidas

El primer español que pisó Antioquia fue el conquistador Rodrigo de Bastidas, quien estuvo en la región del Darién antioqueño en el año 1500. Diez años después, Alonso de Ojeda, otro conquistador, fundó en la misma región del Darién una histórica ciudad conocida como San Sebastián de Urabá, desde la cual se controlaron los negocios españoles de la época con la nueva América. Esta ciudad se substituiría tiempo después por la ciudad de Panamá, por ser menos peligrosa, en tanto la original San Sebastián de Urabá sería destruída de manos indígenas.

San Sebastián de Urabá existió cerca de lo que hoy, en 2007, es el municipio de Necoclí, Antioquia.

Sin embargo, las primeras incursiones españolas de fondo en Antioquia no se llevaron a cabo en las costas del mar, sino en su territorio de tierra adentro. Y sólo se produjeron desde 1536 en adelante. Jorge Robledo, conocido capitán y mariscal de la Corona, organizó en 1541 la expedición que descubrió el Valle de Aburrá, y que de paso en ese mismo año fundó la ciudad de Antioquia, la cual, tras varios cambios, fue asentada definitivamente en 1546 en el sitio que hoy se conoce como Santa Fe de Antioquia.

Los conquistadores de estas tierras agrestes desconocían el terreno y la vegetación. Los pobladores indígenas se convirtieron en enemigos mortales de los ibéricos, en parte debido a su naturaleza guerrera de por sí muy belicosa, y en parte también porque los ibéricos cometían atropellos y arbitrariedades contra ellos.

Este ambiente de animadversión produjo intensas rebeliones indígenas y sangrientas batallas para defender los territorios aborígenes.

El territorio antioqueño se llamó inicialmente Provincia de Antioquia y pertenecía por esos días al Imperio Español. Su primera gobernación fue creada por el rey de España en 1569; al momento de la elevación de Medellín a la categoría de Villa, en 1675, siendo capitán general y gobernador don Miguel de Aguinaga, todavía el territorio conservaba el mismo nombre, Provincia de Antioquia. El territorio pasó por varias jurisdicciones desde su creación hasta la Independencia. El último gobernador de la Provincia antes de la Independencia, fue don Francisco de Ayala.

Entre los grupos que integran el mosaico humano de Colombia quizás el más caracterizado o diferenciado es el pueblo antioqueño. Su particular cultura ha hecho que se tejan muchas especulaciones acerca de su origen.

Históricamente los antioqueños proceden del indígena, el español y el negro. Luis López de Mesa decía, ?La región antioqueña? étnicamente debiera clasificarse como? ibero-afroamericana?. En realidad, el paisa poco tiene de indígena o de negro.

El aborigen antioqueño, que como se ha señalado era Caribe, opuso tal resistencia a la embestida de la conquista española que ésta lo exterminó rápidamente; o acabaron con él las enfermedades europeas o el rigor del trabajo minero. Dice el mismo López de Mesa que los aborígenes de Antioquia no debieron ser numerosos, al igual que las personas de origen africano.

James J. Parsons, investigador norteamericano, realizó por 1949 un estudio bastante detallado sobre el origen de los antioqueños y, entre otros, suministra los siguientes datos respecto de la población negra: ?En 1759 había en Antioquia 900 negros que en 1767 habían aumentado a 4.296; en 1797 la cifra anterior se había duplicado. El censo de 1808 arrojó 10.045 esclavos, aunque ya para esta fecha muchos de ellos no eran peones mineros sino dependientes domésticos. En algunos distritos los mulatos eran más numerosos que los mestizos y blancos. Los negros eran numerosos en los campos mineros?. La población negra fue pues también muy escasa en la región.

don Gaspar de Rodas, primer gobernador de Antioquia

El ancestro español de los antioqueños inicialmente sólo estuvo constituido por unos pocos centenares de familias vascas, andaluzas y castellanas de las cuales según López de Mesa, un 30% correspondieron al primer grupo. Por su parte, Octavio Arizmendi Posada anota el hecho de que las actuales familias antioqueñas proceden de unos ?pocos centenares de españoles inmigrantes?. Entre ellos se destacan o reconocen como típicamente antioqueños los apellidos Uribe, Mejía, Londoño, Jaramillo y Arango.

Respecto a los vascos, se encuentran semejanzas con los paisas que podrían comprobar la hipótesis de que aquellos hacen parte del ancestro de éstos: son dueños de un espíritu orgulloso y enaltecedor del trabajo duro, poseen un territorio montañoso donde han desarrollado desde siempre trabajos de minería y pastoreo, han alcanzado cierto desarrollo industrial y, en cuanto a la indumentaria, puede notarse la utilización de la boina vasca por parte de los paisas.

Es atrayente, de igual manera, pensar que el papel preponderante de la madre o matrona en la familia antioqueña tenga que ver con el similar papel sociocultural que la mujer ha jugado entre los vascos, y que la peculiar importancia de la casa solariega en Antioquia sea una tradición que guarda ecos de la etxe (casa) vascongada, de donde proceden apelativos como Etxeberri (Echeverri) o Goyenetxe (Goyeneche). También los vascos, respecto de su casa, sienten ante todo que forma parte de ellos mismos, antes de considerarla como una propiedad, lo que también admite cierta analogía con el modo de ser antioqueño.

A los pobladores castellanos se debe tal vez la dignidad y el orgullo colectivos, la vocación para grandes empresas y una cierta austeridad. De la herencia andaluza se habrían recibido la viva imaginación y la riqueza expresiva del lenguaje.

El origen sefardita de los antioqueños es más discutido, y surge cada vez que hay enfrentamientos entre regiones. Supuestamente, el éxito que los antioqueños han tenido en los negocios procede de su ancentro judío. Esta hipótesis se ha fortalecido en los últimos años y dice que a Antioquia llegaron cristianos nuevos (marranos), que ocultaron su verdadero orígen practicando la religión católica de una manera vehemente y adoptando apellidos tomados de las regiones del norte de España.

Los judíos que llegaron a América del Sur no lo hicieron en gran número. Casi todos provenían de Portugal. Los pocos que llegaron a Antioquia - entonces región por excelencia de la minería del oro - eran sefarditas en su mayoría y quedan registrados en ciertos apellidos, especialmente de orígen lusitano: Cardoso, Espinosa, Rodrígues, Péres, Sánches, Lópes (todos con "s", sin la zeta), Nieto, Vidal, Lobo, Senior, Santa, Santamaría, De La Calle y otros más.

En 1785 el gobernador de Antioquia, Francisco Silvestre, solicita la presencia del oidor Juan Antonio Mon y Velarde dada la grave crisis que se presentaba en la provincia. Fue enviado entonces como juez visitador provocando agudas polémicas por las reformas que introdujo. Sus reformas incluyeron la reorganización de las rentas de aguardientes y de tabaco, un nuevo Código de Minas que sustituyó el que Gaspar de Rodas expidiera en el siglo XVI, introdujo la plata como patrón monetario - las transacciones se hacían en oro en polvo hasta ese momento -, pero quizás la reforma más importante fue el cambio a la estructura agraria antioqueña puesto que permitió la fundación de nuevos pueblos y se opuso con firmeza a que las tierras quedaran en manos de unos pocos latifundistas que no las trabajaban . A él se debe en parte el fenómeno de la colonización antioqueña del sur del territorio que comenzaría pocos años después.

Colonización antioqueña

Desde sus inicios, Antioquia fue una región totalmente aislada geográficamente, y este aislamiento continuó durante el período colonial y los subsiguientes. El aislamiento propició que su desarrollo económico y social tuviese notables diferencias con relación al resto del país. Durante sus mejores épocas tempranas de desarrollo, su principal modo de integración lo constituiría, además de la arriería, el ferrocarril.

Puesto que inicialmente las tierras habitadas de Antioquia no eran las más aptas para la agricultura, la principal actividad económica de los antioqueños fue la minería del oro. Por otra parte, inicialmente las mejores tierras de Antioquia fueron propiedad de unas pocas familias que las mantenían sin explotar. A finales del siglo XVIII, se presentó una baja en la producción de oro, al tiempo que las tierras disponibles no eran suficientes para satisfacer las necesidades de la población, todo lo cual configuró una crisis local. Pero esta situación cambiaría radicalmente después de la colonización antioqueña.

Colonos paisas

Se inició entonces la migración de muchos paisas hacia el sur de la provincia de Antioquia, y se realizaron los primeros asentamientos de colonos en otras vastas regiones inexplotadas, y fue entonces cuando las tierras pasaron a ser posesión de miles de familias paisas y dejaron de ser privilegio exclusivo de las clases más favorecidas.

Lo que Parsons llama "colonización antioqueña moderna" , se desarrolló básicamente en los territorios de los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, Valle del Cauca y Tolima. Además, con menor énfasis, se dirigió hacia los departamentos del Chocó, Córdoba y otros sectores más lejanos: Casanare, Meta, Caquetá y Putumayo.

Fuera de las poblaciones fundadas dentro de su propio territorio, una lista parcial de las fundaciones antioqueñas hacia el sur, durante la colonización, es la siguiente: Sonsón y Abejorral (1787 - 1789), Aguadas (1814), Pácora (1824), Salamina (1825), Fredonia (1830), Caramanta (1835), Neira y Salento (1843), Santa Rosa de Cabal (1844), Manizales (1848), Fresno (1856), Líbano y Manzanares (1860), Pereira (1863), Jardín (1865), Santo Domingo (Herveo) (1866), Ansermanuevo (1872), Filandia (1878), Pueblo Rico (1884), Calarcá y Quinchía (1886), Armenia y Circasia (1889), Mocatán (1890), Montenegro (1892), Sevilla (1903) y Caicedonia (1905).

De esta lista parcial, sabido es que se destacan las ciudades de Manizales, Pereira y Armenia, cuyo mayor desarrollo las convirtió, pasado el tiempo, en capitales departamentales. Muchas de ellas, y varias de las otras ciudades colonizadas, constituyen el denominado Eje Cafetero, región que se constituiría en una de las bases económicas más importantes de la historia de Colombia.

La colonización antioqueña se intensificó a partir de la década de 1870. Durante la segunda mitad del siglo XIX fueron fundadas por los colonos un gran número de nuevas poblaciones.

El proceso de colonización integró a la economía del país miles de hectáreas de tierra que durante siglos habían permanecido inexplotadas y despobladas.

El café fue el producto preferido por los colonos, y su producción llegó a convertirse, en las primeras décadas del siglo XX, en la base de la economía nacional. La forma como fueron colonizados estos territorios se fue en contravía de los terratenientes y de la propiedad territorial latifundista de "altas" familias destilada, por ejemplo, en Bogotá. La colonización antioqueña fue llevada a cabo primordialmente por familias del común que no tenían capacidad para pagar mano de obra, sino que más bien utilizaban la mano de obra familiar para explotar las tierras colonizadas.

Esto dio origen a un nuevo tipo de sociedad en el occidente colombiano: Mientras en el resto del país el latifundio constituía la característica más importante, en las zonas colonizadas por los paisas predominaba la mediana propiedad campesina y familiar. Además, debido al aislamiento impuesto por la geografía, los pobladores del occidente colombiano permanecieron ajenos a los conflictos armados que acaeciron en Colombia durante todo el siglo XIX, por lo cual en la zona hubo un desarrollo económico estable y continuo, en contraste con otras regiones donde el desarrollo económico se vio seriamente afectado como consecuencia de las guerras civiles. La colonización antioqueña, en síntesis, permitió una unificación más democrática del occidente colombiano que perdura hasta hoy.

Los colonos se preocuparon por comunicar entre sí los nuevos asentamientos, y construyeron caminos y ferrocarriles. Gracias a esto se estableció un comercio interno que casi no existía en otras regiones, y que estuvo favorecido por la capacidad de compra de la que gozaban los colonos, resultado de una mejor distribución de los ingresos del trabajo familiar.

Todos estos factores hicieron que el occidente colombiano se convirtiera, a finales del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, en el centro económico más importante del país. La expansión de la economía cafetera hizo posible que se acumularan los capitales que más tarde fueron invertidos en el desarrollo industrial. Esta situación mantuvo al país durante muchos decenios.

En 1808 la monarquía española entra en un momento crucial. Ante la ineptitud de Carlos IV y la impopularidad de su ministro Manuel Godoy, su hijo Fernando VII, con el apoyo popular, aspiraba al trono. Napoleón Bonaparte, por su lado, aprovechó estas circunstancias para intervenir en España. Debido a esto, no se hicieron esperar los levantamientos populares y aparecieron, como solución al vacío de poder, juntas de gobierno, que se unificaron finalmente en la Junta Suprema de Aranjuez, establecida en septiembre de 1808.

Esta conformación de juntas de gobierno fue sugerida, a todo lo ancho del Imperio, como una respuesta al problema creado por la usurpación de Bonaparte. Así ocurrió en Cartagena, en mayo de 1810, y en Bogotá, el 20 de julio del mismo año, cuando se constituyó una junta provisional presidida temporalmente por el Virrey.

El ejemplo no tardó en seguirse en Antioquia. En ese entonces el gobernador era don Francisco de Ayala, quien, tan pronto llegó la noticia de los sucesos de Bogotá, conocidos hacia el 9 de agosto en Rionegro, se fue plegando a las presiones de los criollos y aceptó la instalación de un congreso provisional de delegados de los cuatro cabildos de la provincia (Santa Fe de Antioquia, Medellín, Rionegro y Marinilla). Este congreso se reunió entre el 30 de agosto y el 7 de septiembre, y tomó la decisión de entregar el poder a una Junta Superior, cuyo presidente sería justamente Ayala.

El 17 de diciembre de 1819 fue expedida en el Congreso de Angostura la Ley Fundamental que creó la República de Colombia, cuyo vicepresidente fue el medellinense Francisco Antonio Zea. Quedaron unidas la Nueva Granada y Venezuela, divididas en tres departamentos: Cundinamarca, Venezuela y Quito. Antioquia quedó como provincia del departamento de Cundinamarca.

El 12 de julio de 1821 el Congreso de Cúcuta, bajo la presidencia del envigadeño José Manuel Restrepo, expidió la Constitución de Cúcuta, basada en la de Angostura, la que dividió la República en departamentos y a éstos en provincias. Antioquia quedó como provincia del departamento de Cundinamarca y su capital continuó siendo Santa Fé de Antioquia.

Sin embargo, dos pretensiones empezaron a cobrar fuerza, la de que Antioquia fuera departamento y no provincia, y la de que su capital fuera Medellín. Se alcanzarían ambas cosas en 1830 y 1826 respectivamente, tras no pocos celos de la Ciudad Madre, Santa Fe de Antioquia. El crecimiento de Medellín era intonces irreversible, y su condición de capital del departamento había sido bien ganada.

A finales de los años cuarenta y durante las dos décadas subsiguientes, se implantaron en Colombia diversas reformas liberales que dieron lugar a modificaciones en su estructura económica y social, las cuales propiciaron un proceso de diferenciación partidista y una nueva modalidad de organización estatal.

Dichas reformas buscaron transformar las instituciones coloniales aún existentes por otras más acordes con las nuevas realidades del capitalismo mundial de libre competencia. Estas transformaciones, impulsadas inicialmente por la llamada generación radical o gólgota, tuvieron algunos altibajos durante los gobiernos conservadores, pero se impusieron con mayor fuerza en los gobiernos radicales de 1863 a 1878. Los nuevos cambios se concretaron en 1853, con los cuales se abrieron las puertas al federalismo en Colombia.

Esta modalidad de organización estatal imperó en el país entre 1858 y 1885, y quedó plasmada en las Constituciones de 1858 y 1863.

Universidad de Antioquia en el siglo XIX

Dados los avatares implícitos en los nuevos gobiernos inexpertos de la nación, Antioquia había sido divida en tres: las provincias de Medellín, la de Antioquia, y la de Córdoba. Oficialmente, mediante la ley 14 de 1855, Antioquia volvió a unificarse y se creó de nuevo el Estado Soberano de Antioquia el 11 de Junio de 1856. Y en 1863, la por entonces llamada Nueva Granada se subdividió en nueve Estados Soberanos, cambiando de paso su nombre de Nueva Granada por el de Estados Unidos de Colombia.

El 27 de enero de 1863 se expidió la Constitución Política del Estado Soberano de Antioquia. Entre sus rasgos destacados, en ella se establece de nuevo la uni-cameralidad de la Asamblea del Estado, la cual se componía de 30 diputados, nombrados por los municipios. Esta decisión aparecería luego ratificada en la nueva constitución estatal del 13 de agosto de 1864. Para los fines de su administración política y municipal, el territorio del Estado Soberano de Antioquia se dividió en municipios, y éstos a su vez se dividieron en distritos y aldeas.

Durante el período 1850-1885 el poder regional en Antioquia tuvo momentos de fuerte disputa aunque de muy corta duración. Los grupos dominantes conservadores tuvieron mayor acceso a ese poder y a los distintos mecanismos de control sobre el mismo.

Los conservadores tuvieron el control del gobierno y del Estado durante 22 años y los liberales durante los restantes. Estos últimos asumieron el gobierno de Antioquia en tres ocasiones en ese período.

La victoriosa alianza entre los conservadores y los independientes se plasmó en 1885-1886 con un proyecto estatal que tuvo como bases la centralización política del país, la descentralización administrativa, la organización de un ejército único y nacional, el mantenimiento del Banco Nacional y del papel moneda y la relación concordataria entre la Iglesia y el Estado. Una vez aprobada la Constitución de 1886, el Consejo Nacional de Delegatarios nombró como Presidente de la República para un período de seis años (1886-1892) a Rafael Núñez.

El gobierno de Antioquia se reorganizó una vez culminada la guerra de 1885 y en los comienzos de la Regeneración (1886-1891). El 7 de septiembre de 1886, se proclamó a Marceliano Vélez como gobernador del departamento de Antioquia.

La actitud global de los grupos dirigentes antioqueños una vez iniciada la regeneración consistió en apoyar el régimen político nacional, pero manteniendo su distancia con respecto a las políticas económicas del gobierno central. Por ello la búsqueda de exenciones frente a estas políticas se constituyó en un elemento básico para entender los factores de conciliación y conflicto entre la región antioqueña y el gobierno nacional.

Desde mediados del siglo XIX comienza a manifestarse en Antioquia un importante desarrollo comercial, reflejo, entre otras causas, de la expansión que se daba en la minería, del auge de la ganadería comercial y de la colonización antioqueña del sur de su territorio y de otras regiones. Tanto la población minera y los centros dependientes de las minas - como Remedios, Segovia y Titiribí, entre otros - así como las zonas de colonización, se iban transformando en importantes mercados para los comerciantes.

Ferrocarril de Antioquia en la Estación Medellín

La empresa del ferrocarril antioqueño comienza oficialmente el 14 de febrero de 1874 con la firma del contrato para la construcción de una vía ferroviaria que comunicaría a Medellín con Puerto Berrío. Sin embargo, la construcción del primer riel se llevó a cabo el 29 de octubre de 1875, debido a los brotes de revolución en la costa Atlántica a mediados de julio, que paralizó la navegación por el río Magdalena y de paso la entrada de los materiales necesarios para la construcción de la vía. La primera carga de materiales llegó a Puerto Berrío el 20 de julio de 1875 y el 7 de mayo de 1876 llegó la primera locomotora.

El ferrocarril de Antioquia hace parte de la historia colombiana en un punto álgido en su desarrollo económico. El primer objetivo de las vías era la masificación y mejoramiento de la economía minera presente en la zona. El crecimiento del tren y la visión de los gobernantes para el cultivo del café, permitió que este último comenzara a crecer y empezara a darle una razón de ser más al ferrocarril de Antioquia. Es el tren quien ayuda a que la región se convierta en una de las más rentables del país, gracias al comercio exterior del café, producto con gran aceptación extranjera y uno de los ejemplos más claros de la política de especialización regional.

Estación Central del Ferrocarril de Antioquia. Plaza de Cisneros, Medellín

Sin embargo, durante la Guerra de los Mil Días se suspendió el servicio férreo por tres años, fueron incendiados algunos vagones y con la misma suerte corrieron las estaciones y las vías de acceso al tren que poco a poco estaban siendo destruidas, levantadas y demolidas.

La Guerra de los Mil Días había dejado al país en condiciones lamentables en su economía, y tanto la situación política como la social hacían necesaria la adopción de medidas de reanimación de regiones que pedían nuevas formas de administración y manejo de sus recursos. Antes de la larga confrontación civil y como consecuencia de la centralización que prevaleció en la Constitución de 1886, el manejo desde el gobierno central provocó reacciones que se exteriorizaron en las intervenciones del General Rafael Uribe Uribe en el Parlamento, y en documentos públicos en los que el caudillo liberal hizo propuestas específicas para una nueva conformación político administrativa de Colombia.

En un documento titulado ?División Territorial? dio razones de fondo para promover la segregación de los Estados del Cauca, Antioquia, Tolima y Magdalena. Era lógico que sus propuestas salieran derrotadas en el Congreso, puesto que se trataba del único representante de la oposición que tenía asiento en el legislativo. Las razones políticas, llevaron en consecuencia, a que sus planteamientos sólo tuvieran concreción pasada la guerra.

El General Rafael Reyes fue elegido Presidente de la República y se inició el denominado ?Quinquenio? en el que con poderes dictatoriales gobernó al país y tomó decisiones trascendentales. De los elementos planteados por Uribe a finales del siglo, dictó las leyes que justo antes de 1910 dieron origen a los departamentos de Caldas, Huila y Atlántico.

Los respectivos territorios salieron de los Estados del Cauca, Antioquia, Tolima y Magdalena. La decisión de Reyes, cuya visión de Estado debe reconocerse, fue correcta. Las nuevas divisiones demostraron a la postre que obedecían no a caprichos sino a condiciones sentidas que se ordenaban en la lógica social, económica y política de la República.

Caldas fue el amortiguador para suavizar las tensas relaciones que existían entre Antioquia y el Cauca, enfrentados por procesos políticos y por la animadversión de sus caudillos, cada uno en procura de dominar el país y controlar el Estado. Surgió entonces una región pujante, fruto de la Colonización Antioqueña que le imprimió vigor y sentido de empresa y de la influencia intelectual del Cauca, que abrió las puertas de sus centros académicos a los hijos de esos colonizadores.

El territorio montañoso y escarpado contribuyó a que Antioquia desde épocas remotas se especializara en productos diferentes a la agricultura y a que desarrollara estrategias económicas muy creativas.

Café, la consolidación de la economía nacional

Sólo durante el siglo XX el café permitió utilizar buena parte de estas montañas de clima medio y ellas se convierten en un modo de vida para numerosas familias. Sin embargo, aunque pobre en tierras planas y fértiles, la región tenía oro en mustios (aluviones auríferos) y en sus vetas. Esta circunstancia, junto a su localización en el interior del país, lejos del mar y con dificultades para comunicarla, la hicieron muy dependiente de bienes alimenticios y manufacturados que se producían en otras regiones.

En efecto, la producción de oro, el comercio y el contacto con las zonas mineras fueron de gran importancia para la futura industrialización de la región. Con la temprana crisis de la esclavitud en Antioquia (1781), los esclavos se convirtieron en mineros independientes pobres (mazamorreros), productores de oro. Ellos enriquecieron a los comerciantes abastecedores de víveres a los que se llamaban rescatantes, quienes acumularon grandes fortunas o capitales que invirtieron en tierras (rurales y urbanas), ganado, café y finalmente en industrias.

Surgió también de allí la mano de obra requerida por la industria antioqueña. Este es un tema muy discutido porque el proceso de industrialización coincide con el desarrollo del café en la región, y esta actividad requiere muchos brazos y descansa en pequeñas y medianas empresas familiares (economía campesina).

Lo cierto es que la mano de obra empleada durante la primera fase, es de mujeres que constituyen excedentes de población campesina, urbana y semi-urbana, y que contribuyen con su salario a la economía familiar enviando o suministrando una parte o la totalidad de sus ingresos. Para los industriales tenían la ventaja de ser mano de obra barata, pues percibían aproximadamente la mitad del salario de los hombres.

En 1923, año en que se realiza una exposición industrial en Medellín, el 73% del personal obrero de los establecimientos industriales de Medellín y los municipios vecinos es femenino y el 27% masculino, ocupado en labores de mantenimiento de maquinaria o en algunas labores rudas como la alimentación de los hornos en las vidrierías.

Así, se asiste simultáneamente a un fortalecimiento y expansión de la economía campesina cafetera y a la proletarización de un sector de la población compuesto en su mayoría por mujeres, que logran junto con los empresarios e ingenieros poner en marcha las primeras empresas fabriles.

Antioquia había experimentado en mayor grado el avance económico de los años veintes y para ella el contraste con la coyuntura de la crisis de 1929 fue sin duda más violento que en otras regiones del país. Se estima que más o menos el 60% en valor de los insumos industriales colombianos en esa época eran importados. Lo mismo puede ser válido para Antioquia, que era la que usaba casi la mitad de dichos insumos. Por lo tanto, el drástico recorte en la capacidad para importar castigaba duramente a la naciente pero vigorosa industria.

En los años cincuentas, el crecimiento relativo de la industria en Cundinamarca, el Valle del Cauca y otras regiones del país, fue sensiblemente mayor que el de Antioquia. Por esa razón, este departamento, que en el censo industrial de 1945 ocupó el primer puesto entre los demás del país, en 1956, cuando se hizo un nuevo censo, pasó a ocupar el segundo puesto después de Cundinamarca, tanto por el número de establecimientos, como por la fuerza laboral y el valor agregado en industrias. Desde entonces, Antioquia ya no volvió a ocupar la primacía industrial en Colombia.

Por primera vez, después de tener Antioquia una economía en ascenso durante 150 años, se presentan en la década de los setentas los síntomas iniciales de lo que sería la más grande crisis económica y social en su historia. Aparece el fantasma del desempleo, y con él la criminalidad y la inseguridad general. Y aunque Colombia en su conjunto afrontó entre 1970 y 1980 un periodo crítico económico, su influencia fue no sólo mayor sino catastrófica para Antioquia, especialmente para Medellín, que llegó a tener la tasa de desempleo más alta del país.

El sector manufacturero no sólo había perdido dinámica, sino que se mostraba incapaz para afrontar la situación creada con los altos índices de desempleo, la recesión económica y la imposición desde el gobierno central de un nuevo modelo de desarrollo fundamentado en las actividades financieras y de la construcción. Es entonces cuando el contrabando, primero, y luego el narcotráfico, aparecen como alternativa para miles de personas que no tenían en el mercado legal ninguna, o muy poca, posibilidad de encontrar empleo o de ejercer una actividad económica rentable.

Medellín va a sufrir todo el peso de la lucha entre el narcotráfico y el gobierno central en la década de los ochentas. Aparecen el narcoterrorismo, el sicariato, las bandas delincuenciales en los barrios populares y el asesinato de jueces y de políticos.

La muerte de Pablo Escobar, en 1993, supuso el fin del llamado Cartel de Medellín. Pero la desafortunada presencia de la guerrilla y el paramilitarismo en la nación hace todavía difícil la consecución de una armonía comunitaria como fuera de desear, aunque a la fecha del año 2007 se han logrado importantes progresos en tal sentido, debido a las masivas desmovilizaciones de personal armado, a la política del gobierno denominada Seguridad Democrática y al comienzo de la revelación de la verdad proveniente de muchos grupos criminales a instancias de una ley mundialmente experimental conocida como Ley de Justicia y Paz.

La sociedad antioqueña ha reaccionado con tal fuerza contra ese período de violencia, que ha logrado unirse en torno al objetivo de sacar adelante su capital y su región en clara categoría de triunfo, al punto de haber recobrado, desde 2006, su liderazgo económico y cultural tradicional con los mismos visos ejemplarizantes que temporalmente había perdido.

Hoy día Antioquia es sede de los principales grupos económicos y financieros de Colombia, se dirige con solidez hacia el cumplimiento de sus metas en inversión social, exhibe un liderazgo evidente en progreso, cultura, investigación, educación, salud, y muchas otras áreas y sectores nucleares de la vida nacional, y sus adquisiciones corporativas se extienden por muchos países en el extranjero.


Este artículo está licenciado sobre GNU Free Documentation License. Es una adaptación de Wikipedia "Historia de Antioquia".



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