En Navarra la insurrección militar de julio de 1936 fue acompañada de un levantamiento popular auspiciada por los carlistas. Los carlistas disponían de organización militar, el Requeté, aunque no contaban más que con unas cuantas armas cortas. La vinculación de importantes militares con el carlismo era evidente, como la del general Sanjurjo.
Tras su llegada al poder, en febrero, el gobierno del Frente Popular trasladó a varios mandos militares para tratar de desmontar la conspiración militar en ciernes. El cambio de destino, hizo que varios militares de alta graduación coincidieran en Madrid a primeros de marzo y allí designaran al General Mola como cabeza para preparar la insurrección militar, cuando este se dirigía al nuevo destino en Pamplona como gobernador militar. El general Mola llegó a Navarra el 14 de marzo de 1936. Por mediación de Raimundo García García ?Garcilaso?, director del Diario de Navarra, los carlistas se pusieron en contacto con Mola en mayo. Tras varias reuniones se produjo un acuerdo, con la disposición a secundar la rebelión militar por parte de los requetés. En Navarra, en las elecciones de febrero habían vencido los partidos de derechas.
Lugar de la Ciudadela de Pamplona donde, al amanecer, se producían los fusilamientos
Por tanto la sublevación militar se llevó a cabo en Navarra sin resistencia alguna. Ese mismo día 18 el Comandante de la Guardia Civil, José Rodríguez-Medel Briones es asesinado en Pamplona cuando intentaba organizar un grupo de guardias para detener el avance de las tropas de Mola. Fue entonces cuando Navarra entera cayó en manos de los sublevados y no hubo allí frente de guerra. Además las columnas procedentes de Navarra avanzaron hacia Álava y Guipúzcoa. La cruel represión que se abatió sobre Navarra no tuvo pues nada que ver con las vicisitudes de la contienda sino con una voluntad clara de "limpiar la retaguardia".
Así consta en la instrucción reservada nº 1, firmada por Mola en Madrid el 25 de mayo de 1936 que decía:
Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas.
La represión se inició inmediatamente, y en menor medida se prologó en la postguerra, con la depuración de funcionarios, las penas de reclusión y trabajos forzados, la represión económica y 2.857 muertes violentas, que se han podido contabilizar hasta el año 2003. Estos se han logrado registrar con nombres y apellidos y han sido publicado en el libro Navarra 1936. De la esperanza al terror, con la colaboración del colectivo AFAN (Asociación de Familiares de Asesinados Navarros). Se publicó la primera edición del libro en 1986 y hasta 2003 se editaron seis reimpresiones, que fueron incrementando el número de víctimas).
A estas cifras hay que sumar los 305 muertos por enfermedades y malas condiciones de los presos, en el Fuerte de San Cristóbal de Pamplona, contabilizadas del 1 de enero de 1937 al 6 de julio de 1945, fecha del cierre como penal.
La media de fusilados fue de 8,17 por mil en Navarra y la mayor parte fueron en los primeros meses de la guerra, de julio a diciembre de 1936 se ejecutó al 96,2% del total, destacando el mes de agosto con más de un 32% de los asesinados.
Según la afiliación política de los ejecutados el 43,3% eran de UGT/PSOE/Juventudes Socialistas Unificadas, 37,4% de izquierdas sin afiliación política, el 8,9% de FAI/CNT, el 7,2% de IR, el 7,1 del PCE, el 0,8% del PNV/ANV y el 0,3% de derechas.
Los datos de los historiadores en la etapa del franquismo se basaron en las inscripciones en los juzgados. Por tanto Jaime del Burgo (que fue significado requeté, y padre de Jaime Ignacio del Burgo) cifraba en 678 el número total de muertes, no asumiendo todos los inscritos. El general Salas Larrazábal en 1.190 represaliados, excluyendo los de la fuga del fuerte por considerarlos caídos en combate. Fue José María Jimeno Jurío quien inició un estudio más riguroso dando la cifra en 1982 de 2.466 asesinados, que posteriormente se ha ido incrementado. Aún así José Andrés-Gallego en la "Gran Enciclopedia Navarra" en 1990 volvió a insistir en las cifras del general Salas Larrazábal.
A continuación se desglosan unos datos por merindades, destacando a los alcaldes fusilados, por ser el representante máximo democrático de cada pueblo y a los concejales en las principales ciudades. La lista de concejales y otros cargos destacados en todos los pueblos sería prolija. Se indica el porcentaje de inscritos en los juzgados, y por tanto reconocidos oficialmente, lo que demuestra la ardua labor de investigación.
760 asesinados, de los cuales 406 (53,4%) están inscritos en los juzgados. Corresponde a una tasa de 10,41 por mil habitantes.
En la ciudad de Estella (5.972 habitantes en censo de 1930) 39 asesinados, entre ellos el alcalde, Fortunato Aguirre Lukin.
Fueron asesinados los alcaldes de Allo, Manuel Garamendi Álvarez; Azagra, Francisco Castro Berisa; Cárcar, Lucio Gutiérrez Hernández; Falces, Eduardo Biurrun Napal (ex-alcalde); Lodosa, Luis Martínez Echavarri; Mendavia, Dionisio Salcedo Sádaba; San Adrián, Daniel Munilla Cristóbal y Sartaguda, Eustaquio Mangado Urbiola;
Merindades de Navarra (Estella, color azul; Olite, marrón oscuro; Pamplona, verde; Sangüesa, rosa; y Tudela, marrón claro;
502 asesinados, inscritos en el juzgado 256 (50,9%). Corresponde a una tasa de 10,66 por mil habitantes.
En la ciudad de Tafalla (5.870 habitantes en censo de 1930) 33 asesinados. Entre ellos tres concejales: Saturio García Zaratiegui, Pedro Martinena Intxauspe y Cipriano Sola Ozcariz.
En la ciudad de Olite (2.785 habitantes en censo de 1930) 45 asesinados. Entre ellos el alcalde Juan García Lacalle, y los concejales Salvador Eraso Azcárate y Julio Pérez García.
Fueron asesinados los acaldes de Murillo el Cuende, Jesús Ederra Aranguren; Pitillas, Antonio Cabrero Santamaría; Santacara, José María Sanz de Acedo Echávarri; Villafranca, Agustín Arana Aranda (ex-alcalde).
703 asesinados, inscritos en el juzgado 518 (73,7%).
En Pamplona (42.259 habitantes en censo de 1930) tuvieron lugar 300 asesinatos. Corresponde a una tasa 6,76 por mil. Entre ellos, los que eran o habían sido concejales, Florencio Alfaro Zabalegui, Gregorio Angulo Martinena, Corpus Dorronsoro Arteta, Victorio García Enciso, Mariano Sáez Morilla e Ignacio Sanpedro Chocolonea.
Resto de la merindad: 178. Corresponde a una tasa de 2,37 por mil habitantes.
Fueron asesinados los alcaldes de Arakil, Silverio Astiz Lakunza y Alsasua, Antonio Goikoetxea Otegui (ex-alcalde).
En la Fuga del Fuerte San Cristóbal, según la propia documentación oficial, murieron 225 personas, de los cuales, 24 de cadáveres "no identificados", 14 fusilados en Pamplona y 187 abatidos en los montes.
187 asesinados, inscritos en el juzgado 87 (46,5%). Corresponde a una tasa de 3,47 por mil habitantes.
En la ciudad de Sangüesa (3.749 en el censo de 1930) 45 asesinados. Entre ellos el alcalde Isaac Indurain Oronoz.
Fueron asesinados los alcaldes de Aibar, Javier Iziz Ribera; Aoiz, Aurelio León Inda y Yesa, Santos Orduña Les.
705 asesinados, inscritos en el juzgado 373 (52,9%). Corresponde a una tasa de 11,83 por mil habitantes, la mayor de toda Navarra.
En la ciudad de Tudela (11.248 en el censo de 1930) 65 asesinados. Indicar que era la única ciudad de Navarra en la que había vencido la candidatura del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. Entre los fusilados estaban el alcalde Domingo Burgaleta Pérez-Laborda y los concejales Aquiles Cuadra De Miguel, Francisco Jaraba Grima, Joaquín Meler Mur, Juan Navarro Anguiano, Eugenio Tutor Lozano y Francisco Ucar Liñan.
Fueron asesinados también los alcaldes de Buñuel, Alfonso Marquina Vicente; Cadreita, Emilio Sánchez Jiménez y el ex-alcalde Benito Burgaleta Pérez; Caparroso, Juan Bozal Uriz; Carcastillo, José Eleuterio Romano Ullate; Castejón, Valentín Plaza Martín; Corella, Antonio Moreno López, Fitero, Jacinto Yanguas Fernández y Valtierra, Moisés Bobadilla Navaz.